Conociendo otra realidad

Por: Aimée Leilani Alanís Dávila

Hace unos meses tuve la oportunidad de asistir a una visita a un tiradero de basura ubicado en la periferia de la Ciudad de México. Antes de acudir a ese lugar decidí investigar un poco acerca de él con la finalidad de prepararme emocionalmente, sin embargo, el estar de manera física y directa en ese lugar fue completamente diferente a lo que había imaginado o pensado.

Muchas veces sucede que olvidamos lo que otras personas pueden estar viviendo o sintiendo, en su realidad, porque nos encerramos en nuestra rutina y también hemos perdido esa capacidad de sensibilizarnos con las personas que nos rodean, normalizamos situaciones como la violencia o la pobreza que se presenta en nuestra sociedad y pensamos que no podemos hacer nada el respecto, sin embargo, el haber acudido a este lugar movió sentimientos en mí, porque es real que hay personas viviendo en condiciones donde su dignidad se ve vulnerada y muchas veces nosotros de manera consiente o inconsciente ignoramos estos hechos. El recorrer el lugar, el ver cómo tratan de salir adelante y obtener un ingreso para su hogar, fue impactante. El hecho de observar tanta basura en un sólo lugar me hacía sentir que, probablemente, esos desechos que pisaba fueron los que saqué un día anterior de mi casa y reitero que a veces no somos conscientes de la cantidad de desechos que producimos.

Después de este encuentro hicimos otra visita, a un espacio comunitario, donde pude descubrir que “el querer es poder” y notar también el desconocimiento de muchas asociaciones u organizaciones civiles que tiene un fin noble, como es ayudar a los niños y a las familias que viven en el basurero, con acciones altruistas como es proporcionar comida nutritiva, servicios de salud y herramientas para mejorar la educación. Fue entonces cuando un sentimiento de esperanza y nobleza resurgió, porque está en nuestras manos ayudar a los demás y porque es real que nosotros podemos producir un cambio tangible en nuestra sociedad, que la nobleza y el amor es algo que sigue presente entre nosotros y no se debería perder, pues nosotros como integrantes del Programa Rumbo tenemos la oportunidad de desarrollar un proyecto que pueda ayudar a aquellas personas que muchas veces son invisibles para la sociedad.

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