Somos el chicalote en Luvina

“Sólo a veces, allí donde hay un poco de sombra, escondido entre las piedras, florece el chicalote con sus amapolas blancas. Pero el chicalote pronto se marchita.”
-Luvina, Juan Rulfo, 1945.

 

Por: Sarah Reneé Valdespino

Cuando hice mi primera entrevista no dimensioné de manera completa lo que significaría el Programa RUMBO en mi vida; “es sólo otra actividad extracurricular en mi día a día” –pensé–, pero nunca fue así.

Me gusta pensar que Rumbo, gracias a su construcción humanista, es esa poca sombra que hace florecer el chicalote, escondido entre las piedras. Todos quienes integramos Rumbo: asesores, tutores, alumnos, aliados son –somos– lo que hace florecer el chicalote con sus amapolas blancas. Ese chicalote es los proyectos, que con tanta pasión y compromiso durante un año, vamos desarrollando y estructurando; esos que le dan un pequeño cambio y más esperanza a nuestra sociedad. En una situación ennegrecida por problemas socio políticos, una estructura económica que ha afectado de manera directa o indirecta a millones de mexicanas y mexicanos, convirtiendo derechos en privilegios, reduciendo opciones de vida… en una sociedad enajenada por vicios, RUMBO me parece una buena sombra.

En mi camino de formación Rumbo, comprendí temas que siempre resonaban en mi cabeza, logré ver y entender otras perspectivas, así como polémicas que también preocupan a otros compañeros; pero todos con el mismo color blanco, de ser parte de la solución para cambiar las circunstancias de nuestro país a grande o pequeña escala.

Me gusta entenderme como un ser más racional y consciente de mis actos. Gracias a un análisis más amplio, ya no solo veo lo social sino también jurídico, lo filosófico y lo humano. Rumbo era lo que necesitaba mi formación universitaria para ayudarme a ser un factor real de cambio, el fin último de nuestra máxima casa de estudios, la UNAM.

Kant expone que uno es libre según se obligue a normas (una perspectiva fácil de entender). Mi responsabilidad como universitaria y futura abogada no es sólo ver las circunstancias del país, sino también juzgar y actuar en búsqueda siempre del punto medio, óptimo e idóneo… Si no, el chicalote pronto se marchitará.

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