Reflexión sobre la visita al Basurero de Chimalhuacán

Gustavo Gutiérrez Bazán

Un día antes de ir al basurero, tuve la oportunidad de visitar de forma guiada el Senado de la República. Las oficinas y el Salón de Sesiones están aseados hasta el detalle. Todos los presentes a esa guía, movidos por lo que el lugar representa estábamos vestidos elegantes y en forma pulcra.

Al día siguiente, partimos temprano de FES Acatlán. El código de vestimenta era totalmente diferente. De forma casual y cómoda, con protector solar y sin nada de valor a la vista. Apenas llegamos, el aroma era fulminante. Los colores reflejaban desolación y abandono. Gris y tierra. Conforme avanzábamos sobre montañas y montañas de desechos, comprendía poco a poco y cada vez más la razón de nuestra visita: ésta no versaba en sentir lástima y compasión de los “residentes” en el tiradero. Si bien son sentimientos que no podemos ocultar, la razón era otra muy diferente.

Haré un pequeño paréntesis. Tuve la oportunidad de compartir aula con el Maestro Cristian Acosta y nunca lo había visto realmente impresionado. En el tiradero, y mientras nos relataban cada acontecer diario mi rostro reflejaba impresión y tristeza, pero mi Maestro, esa persona quién impulsó mi carrera, quien tiene ideales muy firmes, estaba impresionado con cada experiencia.

De allí fuimos al centro comunitario, donde todo era alegría y sonrisas. Colores por doquier, y todos los niños, sin importar que fueran o no del basurero, convivían y compartían como uno mismo. Es admirable e impresionante lo que las fundaciones, tanto en el comedor, la asesoría académica y la atención médica hacen.

Lo que me llevo de esta visita es una lección de HUMILDAD. Valoraré y contemplaré en todo momento al ser humano en la toma de mis decisiones y en mi vida cotidiana.

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