Todo lo vivido se conecta por una causa

Brenda Servin

Sin duda este tiempo ha sido toda una aventura que ha transcurrido extremadamente rápido. Con un cúmulo de emociones encontradas, mi vida se vio atravesada por un giro de 180 grados que cambió mi visión.

La muerte de alguien puede ser considerada como el fin de un ciclo en su máxima expresión. El día en que realicé mi segunda entrevista para RUMBO, me informaron que un familiar del cual aprendí mucho había fallecido. La coincidencia no puede pasar desapercibida, RUMBO ha sido desde el principio un borrador para comenzar a escribir y definir poco a poco en dónde quiero situarme y dejar lo mejor de mí en nombre de mi primo y de mi hermano; por eso, me siento con el deber de transmitir mi experiencia de vida para cambiar perspectivas y generar hábitos distintos.

La visita al basurero fue un golpe fuerte a mi manera de visualizar los problemas sociales, sobre todo en los niños. La forma en que la gente sobrevive es desgarrante, nadie debería nacer ni crecer en esas condiciones. Antes solo había podido generar hipótesis y ver a través de medios de comunicación, nunca había podido convivir con personas que estuviesen en calidad de pobreza extrema. ¿Dónde se rompe el concepto de justicia? ¿Cómo fue que llegaron a vivir en ese lugar? ¿Ellos quieren estar ahí, es más fácil?

Cuando los niños cantaron en el comedor del CEDIC sentí ganas de llorar por el revuelo de emociones provocadas. En sus casas, las situaciones de vida son abrazadoras, su único escape es el establecimiento en el que caminamos por unos minutos, solo eso les permite tener en sus ojos un brillo de felicidad, porque justo ahí se convirtieron en la semilla de la esperanza. Sé que esas obras generan un futuro bueno. Me sentí simplemente afortunada de que me dieran la posibilidad de estar parada en su mundo, ya sé a dónde quiero llegar.

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